14 de mayo de 2013

La importancia de que nuestros hijos tomen decisiones

Hace tiempo a mi hijo le compré unos tenis porque los que tenía comenzaban a quedarle justos. Así que saliendo del trabajo, se nos unió uno de mis compañeros y fuimos a las zapaterias a emprender la búsqueda. Llegamos a una tienda especializada en tenis, comencé a mostrarle a mi hijo algunos modelos pensando en la practicidad ya que en la escuela los tenía que quitar y poner. Pensé en unos que no se le dificultaran tanto y además cómodos. Sugerí algunos, los vio y al final se decidió probar unos que a mi me parecían de lo más espantosos. Traté de persuadirlo, de convencerle de otros tenis porque si yo pensaba en comodidad y practicidad él superó esos conceptos. Eran a ciencia cierta, unos tenis lo suficientemente prácticos para quitar y poner aún con las prisas que se traen y muy cómodos. 

Le mostré más modelos porque a mi no me convencían y a todo le buscaba "peros", sin embargo el se mantuvo y me decía que esos le habían gustado. Quizá a ojos de los demás puede que parezca un capricho, pero me dio gusto que defendiera lo que le gustaba, así que sin más nos llevamos los horribles tenis de color verde espantoso que a mi no me gustaron. A la hora de pagar, se acercó mi compañero con una sonrisa en la cara y me dice: que bueno que dejas que tu hijo decida, si mi mamá hubiera estado; seguro llevariamos los tenis que le gustaron  ella. Nos fuimos de la zapateria, nos despedimos de mi compañero y me dejó pensando muchas cosas con respecto a que los hijos tomen sus propias decisiones. 

Regularmente nuestra tendencia como mamá, es pensar que nuestros hijos son una extensión de nosotras mismas y que no son capaces de ver lo que mejor les conviene, pero algo me ha dejado muy claro mi hijo: todos tenemos necesidades diferentes y  como mamá nuestra responsabilidad con ellos es mostrarles el camino y ser una guía. 

Cuando mi compañero se acercó a hacer el comentario con respecto a su mamá, lo imaginé de niño y lo entendí como adulto. Seguro más de un@ de nosotr@s se ha encontrado a adultos que independientemente de sus argumentos, les cuesta trabajo responsabilizarse de lo que piensan, dicen y hacen - me incluyo-.  Lo anterior porque como madres no respetamos la postura de nuestros hijos, por un lado pedimos respeto, pero no respetamos que un día traten de elegir cosas que a nosotras no nos convencen, pero el dejarlos que decidan en cosas tan simples los hace, por lo menos en su etapa de crecimiento; más seguros, más respetados y por lo tanto más amados. 

De adultos seguramente los hará más responsables y más conscientes de sus propias decisiones, ya lo veré cuando crezca mi hijo y quizá cambie de postura, pero en cuando a lo que concierne en su ropa, calzado, apariencia y hasta algunas cosas de la escuela, le brindo opciones, y al final el que decide asumiendo todas las consecuencias ya sean positivas o negativas; es él.

Mi jefe me ha dado en muchas veces buenos consejos, uno de ellos es tomar decisiones equilibradas, con mente y corazón. Regularmente a mi siempre me gana el corazón pero eso a él ya le tocará equilibrarlas a partir de sus propios valores y de lo que considere su propio bienestar. Ahora por lo pronto ha decidido dejar que le crezca el cabello, no se hasta cuando la escuela lo permitirá y aunque mis papás y mis suegros ven a mal que le permita decidir en esas cosas, lo dejo porque es mi forma de mostrarle que lo amo.