13 de agosto de 2012

Las mascotas: ayudándonos a externar emociones

El día de Reyes llegó Tita a nuestra casa, antes llamada "Rueditas", luego "Llantitas". Tita me parece que es la reencarnación de alguien porque es demasiado lista para ser un perro. 
Tomamos la decisión de tener un perro en nuestra casa porque mi hijo tenía el deseo cuidar un perro, de jugar con él y por otro lado; por enseñarle el sentido de la responsabilidad de un ser vivo y de forma involuntaria para externar sus emociones. Descubrimos que a partir de la llegada de "Tita" a nuestra  casa Emiliano trataba de educarla... a imagen y semejanza de lo que había observado en nosotros como padres, permitiéndonos darnos cuenta de que algunas cuestiones no son las más adecuadas. 

Mi hijo siempre ha sido un niño sumamente cariñoso, y con la "Tita" se desbordaba, pero también había sido un niño que le costaba trabajo decir "No" que en palabras de otras personas... era demasiado permisivo, le costaba mucho trabajo expresar más las emociones negativas que las positivas y la cuestión de las estructuras y el desarrollo del lenguaje que tiene que ver con las emociones.  Entonces, a partir de que llegó la "Tita"  comenzaron como compañeros de juegos, mientras mi hijo la observaba la Tita lo empujaba, lo jalaba y hasta lo despertaba, como mamá, permitía que durmiera con él, que levantara los desastres que hacía incluido; el destrozo de sus juguetes y también de limpiar donde Tita había hecho sus necesidades fisiológicas. 

Emiliano observa mucho a la Tita, la persigue, la corretea, grita y finalmente se libera aunque por momentos todo parezca un caos de gritos, en el grito liberamos.


Como adultos, nos ha costado mucho enseñarle a hacer sus necesidades en donde debe, porque también representa un trabajo adicional para nosotros que aveces no queremos asumir, pero aunque para muchos; la comparación de un perro con un niño es molesta, yo lo veo así, los perros son como hijos,  hay que educarlo de acuerdo a nuestra serie de valores, educarlos con amor,respeto, paciencia y tratando de incluirla en nuestras actividades. También hay que contemplar los espacios, las rutinas y lo que yo más he valorado es que me ha permitido verme a través del reflejo de mi hijo, hay cosas que me avergüenzan, otras que me da una enorme alegría observar, pero lo que más me hace feliz es que mi hijo esta siendo más consciente y liberando su carga de emociones, también estamos contentos porque la Tita nos ha dado muchas risas pero también enojos. Es parte de nuestra dinámica familiar.