2 de octubre de 2009

Proyecto el niño lector: "El cuento de la lechera"

Esta semana leímos "El cuento de la lechera" basado en una poesía de Felix María Samaniego, al buscar el libro en Internet, me encontré con la poesía y se las comparto:


Llevaba en la cabeza
una lechera el cántaro al mercado
con aquella presteza,
aquel aire sencillo, aquel agrado,
que va diciendo a todo el que lo advierte
"¡Yo sí que estoy contenta con mi suerte!"

Porque no apetecía
más compañía que su pensamiento,
que alegre le ofrecía
inocentes ideas de contento,
marchaba sola la feliz lechera,
diciéndose entre sí de esta manera:

"Esta leche vendida,
en limpio me dará tanto dinero,
y con esta partida
un canasto de huevos comprar quiero,
para sacar cien pollos, que al estío
me rodearán cantando el pío, pío.

Del importe logrado
de tanto pollo mercaré un cochino;
con bellota, salvado,
berza, castaña engordará sin tino,
tanto, que puede ser que yo consiga
ver cómo se le arrastra la barriga.

Llevarélo al mercado,
sacaré de él sin duda buen dinero;
compraré de contado
una robusta vaca y un ternero,
que corra y salte toda la campaña,
desde el monte cercano a la cabaña."

Con este pensamiento
enajenada, brinca de manera
que a su salto violento
el cántaro cayó. ¡Pobre lechera!
Adiós leche, adiós huevos,
adiós dinero, adiós lechón,
adiós vaca y ternero.

¡Oh loca fantasía!
¡Qué palacios fabricas en el viento!
Modera tu alegría,
no sea que saltando de contento,
al contemplar dichosa tu mudanza,
quiebre su cantarillo la esperanza.

No seas ambiciosa
de mejor o más próspera fortuna,
que vivirás ansiosa
sin que pueda saciarte cosa alguna.
No anheles impaciente el bien futuro;
mira que ni el presente está seguro.


Hay un clip de audio con la poesía cantada, hagan click acá y la podrán escuchar. A mi en lo personal, no me gustó mucho el cuento por que como moraleja nos deja que "Ser ambicioso en la vida, no te llenará" Yo tengo la convicción de que la ambición bien encausada y enfocada a ciertos objetivos es buena, productiva. En el libro viene con un lenguaje de cuento, no de poesía y lo que pude rescatar diciéndole a mi hijo fue que cuando la lechera tiro el jarrón de leche por ir pensando en todos sus planes y la rompió; lloró, reflexionó, se secó las lágrimas y siguó adelante. La lechera tuvo el coraje de levantarse, dejar a un lado lo que pasó, tomarlo como experiencia y seguir con lo que la vida le ofrece y aceptarlo de forma positiva. Aunque hace unos momentos que leí la biografía de Féliz María Samaniego, debo tener en cuenta de que son contextos totalmente diferentes y no está del todo tan mal.

A mi pequeño Tiburció le gustó el cuento, en especial por que traía ilustraciones de animales y eso es algo que le puede en-can-tar. Esta semana no realizamos ningún trabajo adicional, lo leíamos un poco antes de ir a la cama y otro tanto cuando llegabamos a casa.

¡Buen fin de semana!